Hay olor feo

Hay olor feo, pero no sé de dónde sale. No es la basura. No es el baño. No es la pileta. En la heladera no hay nada grave. Abro la puerta que da al pasillo de los ascensores, pero ahí no es. La alfombra del living se ve normal, y de todos modos el olor ahí no se siente, el olor está en un espacio que abarca la cocina y el hall de entrada, tal vez el lavadero aunque menos, una parte del pasillo interno hasta el baño chico. Y ahora parece que el olor se está disipando, o tal vez es que me acostumbro. Voy al dormitorio, aspiro hondo para comprobar que ahí los olores son otros, y vuelvo. El olor feo sigue presente, pero puede ser que lo esté imaginando. No sé qué más hacer al respecto. ¿Ya cumplí?, me pregunto. Estoy inseguro, y sin embargo me digo que sí. Doy media vuelta y recorro el pasillo otra vez, con lentitud, como si el deber pudiera volver a llamarme, y para cuando llego a la habitación de la computadora ya me olvidé de todo.

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