Faltan seiscientos kilómetros

Faltan seiscientos kilómetros por este camino angosto, gris y sin curvas, con un cielo blanco y tan bajo que nos obliga a inclinar la cabeza. A ambos lados, junto al pavimento, hay alambres de púa y torres de vigilancia. Aceleramos, aceleramos, aceleramos, y todo lo que ocurre es que las gotas de lluvia nos lastiman más la cara. Entonces vemos, allá adelante, un camión enorme que viene en sentido contrario. Es ancho, ocupa todo el camino. Empezamos a frenar, hasta quedarnos quietos. Pero el camión, cada vez más grande, como un globo que al inflarse se convierte en hierro, no frena. Justo a nuestra derecha hay una entrada pequeña, un corte en el alambre de púa, a mitad de camino entre dos torres. La atravesamos, para entregarnos.

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  1. …no te fijaste si no lo manejaba un famoso en otra franquicia, por si acaso.

    Porque si no, voy, me lo sueño y a ese también lo emboco.

  2. Esta muy bueno. De todas formas, me hace acordar un poco a una escena de la excelente pelicula “Laberinto”, donde viene una especie de perforador gigante (manejado por dos duendes), que ocupa todo el camino, angosto y sin puertas a los costados, cuando de repente, los protagonistas (que eran los que estaban en peligro, me olvide de comentarles…) encuentran una salida magicamente y a ultimo momento.

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