En los últimos años

En los últimos años, mientras mirábamos hacia otro lado, Carlos Núñez se convirtió en un flautista insuperable.

Hacia 1999, la última vez que había actuado en Buenos Aires, era un excelente gaitero que incursionaba por diferentes flautas con mucho talento. Lógico: el sonido de la gaita, por más profundo y conmovedor que sea, puede terminar trepanando el cráneo de cualquiera a lo largo de dos horas de espectáculo.

Pero ahora es exactamente al revés. Carlos Núñez toca sus flautas con una calidad técnica e interpretativa que no se ve en cualquier parte. La velocidad de la digitación llega tan alto, manteniendo un ataque preciso en cada nota, que uno se pregunta cómo no se le acalambra la lengua. En los pasajes lentos, el manejo del vibrato, los glisandos y las alteraciones rítmicas dan una riqueza de interpretación que amplía lo que uno creía posible en flautas dulces y whistles.

Claro, de vez en cuando Carlos Núñez recurre a la gaita. A una gaita mejor que la que trajo antes: notas parejas, bien afinadas. Un sonido emocionante. La misma precisión que con las flautas. Pero ya no aparece en los puntos más altos del concierto, sino en los intermedios. Los momentos de relax y los más intensos, simétricamente, corresponden a las flautas.

El trío de músicos que acompaña a Carlos Núñez reúne las calidades técnicas necesarias para estar a la altura de tanto talento. Pero además el percusionista y tecladista Xurxo Núñez (hermano menor de Carlos) y la violinista y cantante Begoña Riobó suman excelente escena, gestualidad rockera, diversión. Begoña llega a formar un trencito con los espectadores, con el que recorre toda la sala y termina llenando el escenario. Xurxo toca el bodhran moviéndose como si fuera una guitarra eléctrica, y hace un número de circo golpeando con dos palillos de batería sobre un banco de madera.

Un poco más tranquilo, Pancho Álvarez se dedica a apuntalar la música con la armonía y los ritmos de su mandolina y su bouzouki, y logra resultados sorprendentes: por ejemplo, acompañar música típicamente gallega con el estilo de los mandolinistas irlandeses; o desdoblar electrónicamente el sonido de su instrumento para que la cuerda más grave haga las veces de bajo.

El público, al que de puro prejuiciosos suponíamos más apegado a las formas tradicionales, acompaña tanta innovación con entusiasmo. Incluso el hecho de que el eximio gaitero, hacia el final, para entregar la mayor cuota de fuerza y emotividad, deje a un lado su gran instrumento y recurra a otro, pequeño, de sonido quebradizo.

(Carlos Núñez actuó con su grupo los días 3 y 4 de octubre en el Auditorio de Belgrano. Escribí esto a pedido de Susanne, mi mujer, para traducirlo y publicarlo en el Argentinisches Tageblatt.)

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  1. Por una cercanía geografica y unas raíces comunes, Carlos Nuñez es uno de mis artistas favoritos, al igual que él, soy gallega, concretamente de A Coruña, y me satisface y sorprende enormemente que desde tu pais se conozca y admire (como tu has hecho en este post) la calidad de este gaiteiro-flautista.
    Gracias por tu post!, ha sido un placer leerte.

  2. Para mí ha sido un placer tu comentario.

    La lejanía no es tanta, tomando en cuenta que mi madre nació en A Coruña, y que desde chico tuve muchas influencias gallegas. (Mi padre no es gallego, es hijo de andaluces de Jaén.)

    Por otra parte, en Buenos Aires hay un amplio movimiento de música gallega (más amplio todavía considerando distintas variantes celtas), y Carlos Núñez es un músico muy respetado. En esta última visita armó un taller para “gaiteiros”, y fueron nada menos que setenta.

  3. Qué gozada saber que fuera se valora tanto a Carlos igual o más que aquí! Anoche estuvo Carlos Núñez en Camarena (un pequeño pueblo de Toledo, a 50 km. de Madrid, donde yo vivo). Fue algo casi mágico,un encuentro entre amigos. Me parecía impensable que Carlos pudiera tocar en un pueblo tan chiquitillo, pero realmente esto demuestra que no sólo es un artista de viajes y multitudes, sino de pequeños ambientes y pocos humos.
    Anoche, en Camarena sólo éramos unas 100 personas.
    Y ellos eran cuatro: Carlos, Xurxo, Pancho y Begoña. No hizo falta más: de los muchos conciertos de este maestro a los que he podido asistir, el de ayer ha sido sin duda uno de los mejores. Por la intimidad y el silencio en Women of Ireland o Camiño de Santiago, por la fiesta y el baile en a Irmandade das Estrelas,la danza bretona, o Jigs and Bulls. Por el estreno de una melodía andaluza con la ocarina, por la calidad general del sonido, por el buen hacer de todos.
    Por tantas cosas.

    Y por compartir nubes,papeleras y gaitas, gracias Eduardo :))))

    saludos desde España!
    😉

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