WMD

[16/4/2003]

Cuánto le faltará a ese chico que reparte tarjetas en el subte, de la misma altura que mi hijo pero seguramente un par de años mayor, el de la mirada en diagonal, el que da la mano a cada pasajero sentado tal como alguien le habrá dicho que hiciera, y a cada mujer que acepta la mano le agrega un beso en la mejilla, ese chico flaco y un poco apagado que va moviendo los labios como si mantuviera un diálogo interno, pero más que diálogo una lucha, el que al final del pasillo se detiene a pedir con voz de jardín de infantes “una ayuda para mis cuatro hermanitos que no tengo nada para darles de comer”, a ese chico, digo, cuánto le faltará para que empiece él también a fabricar armas de destrucción masiva.

[16/4/2013]

Releyendo este post diez años después, me dio la impresión de que se puede ver como reaccionario (y mirando los comentarios veo que ya entonces me pareció que se podía malinterpretar). No fue la intención, puedo decirlo porque me conozco bien aunque del post en sí me haya olvidado. Pienso que hoy no lo escribiría, pero en ese momento debió surgir de la sensación de culpa, y de percibir que, a falta de otra solución, la violencia siempre es un camino posible para las víctimas. Por otra parte, eso de las “armas de destrucción masiva” era un cliché en tiempos de invasión estadounidense a Irak, con bastante de ironía; decir “para que empiece él también” es un giro sarcástico que me conozco. Igual, no entiendo bien qué me llevó a postear esto.

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  1. Bien dicho, Lucas. Y te agradezco especialmente el comentario, porque tenía miedo de que este post pudiera ser mal interpretado.

    Jime: creo que todavía le debe quedar algo de chico, pero ya tiene una coraza exterior inexpugnable.

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