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  1. Con respecto a la vulnerabilidad: el mar es un lugar paradójico. El golpe de la ola, la zambullida, dan una sensación de ser fuerte, una repentina comprensión de que hay un cuerpo por abajo del cerebro. Y a la vez, se siente una fragilidad extrema convertido en un puntito en la costa de ese espacio a todas luces infinito.

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